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Posted by on Nov 26, 2016 in Convivencia entre generaciones, Trastornos de la Memoria / Alzheimer | 0 comments

Hay Alzheimer en todo México

Hay Alzheimer en todo México

Este es un relato conmovedor, que nos conecta con un trastorno frecuente en México, pero del que se habla poco. Los especialistas le dan el nombre de demencia, que muchos confunden con la locura.  Eso es lo que pasó con algunas de las personas que menciona el relato. El autor nos pidió no dar su nombre, pero nos asegura que se trata de hechos reales. Lo publicamos como la segunda de la serie de publicaciones que estamos dedicando a la convivencia con personas mayores.

Demencia no es locura, sino una pérdida progresiva de algunas facultades mentales como la memoria. A veces se acompaña de cambios en el comportamiento y de ideas falsas. En sus formas más graves, impide que quien la sufre realice tareas básicas de la vida diaria, como asearse y comer.

La causa más frecuente de demencia es la enfermedad de Alzheimer, pero existen muchas otras. La demencia es un trastorno de las funciones que nos permiten percibir, comprender y conocer (funciones cognitivas). Pero también hay otras formas de deterioro cognitivo. El libro Hechos y desafíos para un envejecimiento saludable en México, que publicó hace poco el Instituto Nacional de Geriatría, informa que entre el 7 y el 8 por ciento de las personas mayores de 60 años presenta alguna forma de deterioro cognitivo, algo más de la mitad de ellas tiene demencia.

Lo anterior significa que estos trastornos afectan a casi dos millones de personas en México y son comparables con las alteraciones de las articulaciones y de la vista en la frecuencia con que limitan a la gente mayor para realizar sus tareas cotidianas.

A mis abuelos maternos los conocemos como Tita y Tito. Viven en el estado de Oaxaca, en un poblado de poco más de novecientos habitantes en la región del Papaloapan. La calle principal del pueblo ya tiene pavimento, y las iglesias, escuelas, edificio de gobierno, mercado y algunas casas son de tabique y tienen piso firme y techo de concreto o de lámina; pero muchas casas tienen paredes de carrizo o de madera, techos de palma y piso de tierra.

Nuestro pueblo pertenece a la región de la Sierra Norte, aunque en el límite con la región del Papaloapan. No podemos decir que vivimos lejos de ellos, pero tampoco estamos cerca. Hay otras diferencias entre los dos pueblos. Por tener unos cuatro mil habitantes y porque está al lado de una carretera federal, el pueblo en que vivimos tiene muchos rasgos de pequeña ciudad.

Ir a ver a los abuelos es un viaje que hacemos pocas veces al año. Unos diez, entre tíos y primos, nos reunimos para ir en la estaquitas” de mi papá. Un buen tramo de carretera y luego otro tanto de caminos de terracería por bellos parajes de la sierra.

Poco a poco, Tita comenzó a olvidar algunas cosas que siempre había sabido. No estaba muy anciana, así es que a todos nos preocupaba un poco. Pero nos alarmamos cuando un día no supo cómo volver a casa desde el mercado del pueblo. Por fortuna, se le ocurrió preguntarle a la señora que vendía pollo y ella le pidió a uno de los chamacos que salían de la escuela que la llevara. La llevamos a Tuxtepec con un doctor que nos dijo que pensaba que Tita tenía Alzheimer.

flores-de-guayabaMás difícil que pronunciarla, a  Tito le costaba comprender el significado médico de la palabra Alzheimer. Pensaba que Tita se estaba volviendo loca. Por más que le tratamos de explicar, creo que no lo llegó a entender del todo. Poco a poco Tita fue perdiendo facultades. Hablaba menos; creo que era para que no notáramos que se le olvidaban las palabras. Preguntaba lo mismo una y otra vez. Se desesperaba cuando no se acordaba cómo hacer cosas que antes hacía muy bien, especialmente cocinar los platillos sabrosos de la región. Ella siempre fue muy buena cocinera. La enojaba que los niños jugaran cuando ella estaba en el corredor. Por algún tiempo siguió hablando conmigo como lo hacía siempre que íbamos a verla; pero con el tiempo comenzó a hablar más quedito y a comer menos.

Pasaron como 15 años desde que el doctor nos dio el diagnóstico hasta que Tita murió. Mi hermana mayor se fue a vivir con ella y la cuidó por más de tres años. Se fue consumiendo poco a poco hasta el punto que le costaba trabajo levantarse. Un día dejó de comer y de tomar agua. Murió a la semana de eso. En los rosarios, nos dimos cuenta de cuánta gente la quería. No solamente era conocida en el pueblo, sino que le agradecían lo que había hecho por ellos. Las personas que fueron a su entierro no cabían en el pequeño panteón. Hubo quien contrató una banda para que tocara sones de Oaxaca.

El tal Alzheimer se llevó a Tita, pero sigue viviendo en nuestros corazones y en los de quienes la conocieron. Tito está muy triste y cada vez más viejito.

 

Me apasiona el tema de vivir sano toda la vida y mi deseo es ayudarte. Estoy convencido de que una vejez sana se prepara y se logra con acciones que inician desde que somos jóvenes, y a través de la convivencia sana entre personas de todas las edades.
En mi libro “Gente Mayor” he reunido lo más interesante de mi experiencia en esta importante etapa de la vida. El libro y este sitio de Internet son recursos valiosos para todos quienes amamos a la gente mayor y queremos vivir una vida sana y feliz.

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